El circo de Patanjali y otras anécdotas

Conocí a Danny en 1974. Recuerdo que pasamos horas sentados en el suelo en el patio de una amiga en San Francisco, conversando en forma aleatoria y desordenada sobre “rarezas”, experiencias fuera de la lógica, cosas así.

En las siguientes 3 décadas nuestra amistad fue floreciendo en múltiples encuentros, ya sea en Madrid, Los Angeles, Santiago, Buenos Aires o Rio de Janeiro, siempre “coincidiendo”, nunca en un esfuerzo intencional de juntarnos. Era una relación “al pasar”, pero a la vez muy cercana, de mucha afinidad y sin proyecto alguno de por medio, más allá de nuestro interés compartido por el Humanismo, la enseñanza de Silo. Y las rarezas.

Entre cafés y caminatas urbanas me fui enterando de su afición por la magia, el cine documental, y especialmente todo aquellos hechos que no tienen aparente explicación. Ahí también, entre cartas y textos compartidos, leí por primera vez estos escritos que él tituló “anécdotas”. Inmediatamente me llamaron la atención y volví a leerlos varias veces con la sensación de que había en estas historias “algo” que no lograba captar o abarcar.

Entonces me surgió el deseo de ilustrar estas historias y se lo hice saber a Danny.

Durante los siguientes 30 años Danny continuó escribiendo y re-escribiendo las Anécdotas, y yo por mi lado estuve un par de décadas haciendo diferentes intentos de ilustraciones que nunca acababan de gustarme.

Finalmente, hace unos meses caí en cuenta que la forma apropiada de ilustrar estas “anécdotas” era obviar a toda costa la parte anecdótica. Las imágenes que pasaban por mi cabeza al leer el texto eran como fotografías de una película. Momentos congelados, cortes temporales de historias que se entrecruzaban de modos extraños y aparentemente imposibles. Se lo comenté a Danny y acordamos avanzar con la publicación del libro. Decidimos trabajar en paralelo, es decir no supeditar la imagen al texto o al revés sino dejar que fluya la imagen como una mirada que mira la mirada del autor, sin censura, sin barreras. Ha sido para mí un trabajo muy motivador ponerme en la frecuencia de estos relatos; me ha ayudado a comprender mejor cómo funcionan las imágenes y cómo estas organizan mi conducta en el mundo.

Si los lectores o lectoras buscan un libro entretenido, de acción o drama en el sentido habitual, dudo que vayan a disfrutarlo mucho. Se podría definir como un “thriller mental”, donde la acción relevante, que lleva las historias está «de la piel hacia adentro», ya sea en las percepciones, en la memoria o en la imaginación, mas aún en la estructuración que hace la conciencia sobre lo percibido, lo recordado o lo imaginado. Estas anécdotas podrían verse como un breve pero contundente ensayo sobre el tema de la ”ilusión”. También podría decirse que estas historias dan cuenta de una aparente “patología conductual”, pero en el sentido amplio no es tal, ya que en gran medida es algo que nos ocurre a diario a los humanos.  Cada relato muestra esa relación de “desencaje” con lo que ocurre externamente, lo que me parece tan actual, tan relevante en un momento en que el mundo se acelera vertiginosamente en una crisis en que todo parece estar “fuera de control”, y sin embargo la dimensión “mental” o interna puede funcionar a su propio modo, dándonos la posibilidad de cambiar nuestra propia visión de lo que ocurre, ganando en opciones y en libertad. Entonces me siento invitado a experimentar, como en el relato del circo, y me digo: si todo es ilusorio, ¿porqué no elegir ilusiones gozosas en vez de las sufrientes?

Por último: un agradecimiento a todas las personas que han aportado voluntariamente su tiempo y trabajo para la ejecución de esta edición: a Fernando Aránguiz y Gloria Trujillo por la traducción al español, a Juan Chambeaux por la revisión de texto; a Roberto Verdecchia por la ayuda con la edición en inglés; a Laura Feldguer por la producción y montaje del libro, y a Josefina Castelos y Carlos Hernández de Leon Alado Ediciones por la publicación y futura distribución de esta edición.

Rafael Edwards